domingo, 16 de febrero de 2014

No hay vuelta atrás, ¿o si?

Ya todo está listo, no hay vuelta atrás, después de tanto tiempo llegó el día y el momento. No puedo, no debo tener miedo, total ya lo hecho más de una vez, solo que esta vez es distinto, esta vez es la definitiva.

Todo está en su correcto lugar, mi cama está hecha y mi habitación arreglada, no habrán más quejas por parte de mis padres y mis hermanos. La carta está encima de mi almohada, de color rojo para que destaque con el cobertor de esta que es blanco; en ella explico mis motivos, todas las razones que me han impulsado a hacer esto, creo que no se me olvida nada. Tengo mi ropa favorita puesta, mi pulsera de “la suerte” aunque no me ayudó en mucho, tengo el colgante que me regalaron por mi último cumpleaños, la bañera ya está lista y la cuchilla está en mi mano.

No sé por qué estoy temblando, no debería, esta no es mi primera vez, ya lo he hecho en otras ocasiones. Pero esta vez solo cambia una cosa, los cortes no van a ser horizontales como siempre, esta vez son verticales. Ya no quiero seguir sufriendo más, ya no quiero recibir más golpes e insultos de mis compañeros, ya no quiero sentir que soy el eslabón perdido de la familia, no quiero ser más la oveja negra de la que todos se compadecen. No quiero seguir siendo ese humano estúpido al que todos le tienen lástima.

Ya basta de todas esas miradas de tristeza, fingido dolor y asco.

Ya basta de andar con la cabeza gacha.

Ya basta de encerrarme en mi habitación y solo salir para comer e ir a estudiar.

Ya basta de todos los males que sufro.

Hoy por fin pondré el punto final a mi vida, si a esto se le puede llamar así. Solo tengo que sumergirme en la bañera, respirar profundo, pedir ayuda a quien sea que me espere al otro lado y deslizar la cuchilla por mis antebrazos. Un corte rápido, profundo y efectivo. Solo necesito eso, nada más.

Por fin sentiré todas mis penas desaparecer de mi cuerpo, todos mis problemas se mezclaran con el agua y la teñirán de ese rojo tan característico. Ese rojo que representa vida, pero a mí me dictará sentencia. Nunca más tendré que tapar mis marcas con el maquillaje de mi madre o mis muñequeras; nunca más tendré que preocuparme por si las heridas se abren cuando estoy en clase y mis compañeros se dan cuenta y avisen a mi familia; nunca más tendré que preocuparme por si esa vez me pasé y no volvería a ver el mañana; nunca tendré que preocuparme por nada más.

Esta va a ser la última vez que voy a acatar una orden o le voy a hacer caso a todos los que me deseaban muerte. Ya no tendrán que verme vagar como un alma en pena por los pasillos, ya no les daré un motivo por el cual les entran las ganas de pensar en alguien tan miserable como yo, ¿pero en realidad soy miserable?

Si pienso bien, no sé qué fue lo que les hice para que me odiaran tanto. Solo fui otra persona más en clase, no destaqué por mis notas, ni por hacer algo sorprendentemente fantástico para que me adularan. Nunca me metí con nadie y menos aún me reí de las desgracias de otra persona. Ayudé a quienes me buscaron; ignoré a los que me ignoraron; hablé cuando me tocaba y callé cuando debía. Ni con mi familia fui una mala persona. Entonces, ¿qué mal causé?

Fui yo quien tuvo que soportar todas las críticas; llorar en mi habitación hasta que mis ojos estuviesen hinchados y sonreír como si nada estuviese pasando, como si mi mundo no se hubiese roto un poco más con cada golpe, risa, burla o mirada que me daban.

Fui yo quien dejó su orgullo de lado y resistió todo el mal que me deseaban.

¿Y para qué? ¿Para terminar con todo con un sencillo corte? ¿Así de fácil, sencillo y cobarde?
Desde cuándo soy una persona cobarde que se rinde y no lucha por lo que cree que es correcto. Mi vida no se va a terminar por la locura que casi cometo, aún no ha llegado mi momento, o eso espero. Quitaré el tapón para que toda esa agua se vaya por el desagüe, tiraré la cuchilla a la basura, romperé en mil pedazos esa carta y les pediré ayuda a mis padres. Eso haré.

No voy a dejar que otra vez ellos me dejen caer; no voy a dejar que nadie más se burle de mí; no voy a dejar que quiten mi felicidad y menos aún voy a dejar que esos pensamientos suicidas vuelvan a mí.

Esta vez seré más fuerte que nunca, caminaré con la barbilla bien alta, si me intentan dar un golpe lo devolveré como nunca me he atrevido a hacer, si se ríen de mi yo me reiré de ellos y les demostraré de lo que estoy hecho. Porque por mucho que hayan intentado derrumbarme yo me levantaré otra vez.


No habrá una segunda vez, no habrá más risas o burlas. De hoy en adelante seré yo quien escriba mi futuro y no un puñado de personas. Cogeré las riendas y enfrentaré todo cara a cara. Sé que esta vez no va a ser la última, sé que el mundo fuera de las puertas de mi colegio es más duro pero mi corazón de acero podrá con ello.

Isabella
16 de Febrero del 2014