miércoles, 10 de julio de 2013

Con música sería más divertido.

El sonido de la música va subiendo poco a poco; todas las notas me rodean creando esa perfecta sintonía que lo único que hace es que me dé ganas de bailar. Empiezo marcando el ritmo con el pie derecho, a esto le sigue un simple movimiento de cabeza, luego van las caderas y finalmente comienzo a bailar.

Bailo, bailo y no hago nada más que eso. Lo único que me permito escuchar es la canción que ahora está sonando y envuelve mis oídos haciendo que nada más me interese. Cambio de canción y todo sigue igual, el mismo baile y esa sonrisa que no se despega de mi cara.

Al bailar me siento libre, al bailar me siento nueva, al bailar no me preocupo de nada más y dejo todos esos estúpidos problemas en un rincón donde nadie se preocupa por ellos. Ahí es donde realmente deben de estar.

La tarea más cotidiana se convierte en la más divertida, como quien no quiere la cosa el palo de la escoba se transforma en una guitarra eléctrica, mis peluches en el público, las luces de la habitación en focos y el suelo de mi habitación en un escenario.

Un escenario y los peluches mi público, parezco medio loca, pero así es como lo veo yo. Aprovecho ese momento para dejar mi mente libre y que esta imagine todo lo que quiera. En ese momento estoy yo haciendo mi solo de guitarra, solo yo y el resto no me importa.

Sigo como quien no quiere la cosa, tarareo la canción, mejor dicho grito la canción, pobres mis vecinos lo que tienen que aguantar. Pero como dije antes, poco me importa.

Milagrosamente termino de limpiar mi habitación y voy de camino al pasillo. Como quien no quiere la cosa me encuentro volando por los cielos de Toronto, puedo ver la CN Tower, la calle King y la paralela Queen, veo el Lago Ontario (el océano de agua dulce como le digo yo), veo el estadio Rogers Centre donde juegan los Blue Jays y cuando me doy cuenta de cómo estoy volando veo la escoba que tengo entre mis manos. Empiezo a ir más rápido mientras la canción de Postcard From 1952 se escucha de fondo y me encamino hacia las nubes que acechan la ciudad.

Parpadeo al ver como un rayo salta de una nube a otra y a los segundos viene el gran estruendo. Vuelvo a parpadear ya que cada vez estos son más constantes y están más cerca de mí, empiezo a sentir mi ropa mojada por culpa de la cortina de lluvia que acabo de atravesar. Me quiero encaminar al final de esta nube en la que me he metido sin querer, tendría que ser un sueño lúcido pero mi mente e imaginación dictan todo lo contrario. Ahora ellas están al mando y yo no puedo hacer nada más que observar como si esto se tratase de una película. Cierro los ojos fuertemente ahogando un grito de miedo al ver que un rayo casi me roza la piel, me armo de valor y los vuelvo a abrir y estoy en mi pasillo, nada ha ocurrido.

Siento como los latidos de mi corazón aumenta al ritmo que respiro, intento tranquilizarme y pensar en otra cosa, total ha sido una simple imaginación, pero sigo dándole vueltas y vueltas y llego a dos conclusiones: "Limpiar escuchando música es malo o limpiar simplemente es peor".


Estudio detenidamente el pensamiento que acabo de tener, apago el reproductor de música, me quito los cascos y los dejo colgando en mi cuello y termino de limpiar aunque sé que yo me hubiese decantado por la segunda opción pero decido terminar lo que he empezado. Pero con música sería más entretenido, ¿no?

Isabella