martes, 9 de abril de 2013

Y ahora me toca sonreír~

Todos los días igual, más de lo mismo, cada vez se parece esto más a una obra y ya tu papel me lo sé de sobra.

Que te crees, ¿qué aún estoy en tus redes?, ¿qué aún sigo pensando en ti?, ¿qué aún creo que te llamo la atención? Ciega estuve, pero ya no; tonta fui, pero ya no; inocente fui; pero ya no; ya no te vale fingir, ya no te vale hacerte el bueno, ya no te vale sonreírme de esa forma tan bonita, ya no te vale mirarme con tus ojos risueños ya no te vale nada de nada.

Ya ha sido suficiente tiempo burlándote de mí, ¿no?, te has pasado de la raya, has llegado al límite y no has dudado en seguir vacilándome, encandilándome, gustándome, llámalo como quieras menos enamorarme. A tanto no llegué.

Pero así sigues tú igual que todas las mañanas, ya lo tienes planificado, estudiado: llegas sonriente (como no), saludas a todos con una gran sonrisa y pasas a mi lado como si fuese una simple sombra, nada, pero lo que se suele decir nada de la gran nada. Pero como eres tan caballero, obviamente obvio, a los minutos o sencillamente a la siguiente hora vienes y me saludas, y a veces me dices algo bonito (véase como: guapa, linda, bonita) y como no, sin haberte esforzado, sin haber sudado, sin nada ya me tienes en tu bolsillo, tonta de mí.

Tonta de mí, tonta de mí, tonta de mí.

Tonta de mi por haber pensado que algo entre nosotros iba a pasar, tonta de mi por pensar que yo te gustaba, tonta de mi por pensar que cuando me dabas un abrazo o un beso eso era ''especial'' y mientras tanto estaba en mi burbuja de cristal y las estúpidas mariposas cosquilleaban mi barriga a la par que tú te ibas al lado de otra y repetías la misma operación. Ciega, estaba más que ciega.

Pensar en ti, ya no más, aunque ahora que lo veo bien al escribir esto solo pienso en ti, cosa que me sulfura más y hace que canalice toda la rabia que siento, pero esa rabia no es por ti, es por mí. Es por no haberme dado cuenta de toda esta farsa, ¿pero realmente lo es? ¿De verdad que todo lo que ha pasado no supone nada? 

Es triste pensar en todo eso, pero ya me da igual, me da igual todo lo que ha pasado, arranqué esa página de mi pequeña pero gran historia. La pude arrancar pero no la puedo olvidar, muchas cosas bonitas pasaron y la verdad es que no me arrepiento, no me voy a poner triste, no voy a derramar ninguna lágrima por el simple hecho de que no pasó nada; todo lo que siento lo voy a sustituir por una gran sonrisa, una sonrisa verdadera ya que esto no llego a más, una sonrisa la cual demuestra que aprendí una vez más y no pienso volver a tropezarme con la misma roca otra vez (otra vez no, por favor).

¿Eso es lo que se siente al madurar? Yo la verdad es que no lo sé, no llego ni al cuarto de siglo y ahora es que me falta por recorrer ese camino al que se le llama ''vida'', ahora es que me toca labrar mi camino, ahora es que me toca vivir y ahora me toca sonreír.

Isabella
9 de Abril del 2013


lunes, 1 de abril de 2013

Algún día...

Allí está el, tan puntual como siempre. ¿Cómo lo hace? Y allí voy yo, llegando justo a la hora acordada, ni un minuto más ni un minuto menos. Bueno, lo reconozco, llegue cinco minutos antes, pero al verlo a él decidí hacerle esperar un rato.

Creo que si sigo así de nerviosa la vena que tengo en el cuello se me va a notar demasiado. Poco a poco, paso a paso me voy acercando a donde está el, y ya me ha visto y al sonreirá he visto sus dientes blancos perfectos. Pero que guapo él.

Cada paso que doy yo hacia él, y a la vez el hacia a mí siento como me voy poniendo más roja que un tomate, que raro de mi, ¿yo?, ¿roja? Nunca.

Ya estamos uno en frente del otro, no decimos nada solo nos remitimos a mirarnos a los ojos y cada vez y sin poder evitarlo vamos ensanchando la sonrisa un poco más y más, lentamente empiezo a ver cada detalle que le hace tan especial, un lunar, sus pecas, el remolino que se te forma en el pelo, como levantas una ceja y se empiezas a reír al darse cuenta que no le escuche y le acompaño entre risas.

Cada vez siento más el calor de tu cuerpo ya que ha puesto su mano derecha en mi mejilla izquierda, y como quien no quiere la cosa ese espacio que hay entre los dos lo va acortando. Ninguno de los dos cierra sus ojos, ninguno de los dos despeja su vista del otro. Únicamente nos separa, y como mucho, un centímetro de distancia pero no nos atrevemos a hacer nada.

Saboreamos el momento como si fuese la última vez, respiramos el aliento del otro y sonreímos como dos tontos.

Después de haber pasado unos minutos, para mi interminables, cerramos los ojos y todo desaparece, ya no siento su calor, al abrirlos solo veo el techo de mi habitación y escucho la canción del despertador.

Bonito sueño y a la vez, horrendo.

Algún día pasará, algún día ocurrirá, algún día...

1 de Abril del 2013
Isabella