sábado, 20 de octubre de 2012

¿Por qué tiene que ser así?


Su cuerpo sin vida, perdido entre las sombras de un Mundo sin alegría.

Cada vez sus ojos se iban oscureciendo más al son de sus débiles latidos, las comisuras de su boca dibujaban una sonrisa, ¿pero por qué una sonrisa? Me había salvado la vida. 

Todo fue tan rápido, como el sonido de un rayo, que no me dio tiempo a reaccionar, los dos, cogidos de la mano, todo estaba en silencio, vi una sombra, me giré para ver su rostro, enmudecido en una mueca de terror, y allí estaba mirándonos, dos ojos ocultos tras su máscara, un disparo, yo sola.

Los pájaros echaron a volar, llevándose todo signo de esperanza, veía a todo el mundo de costado, me pesaba todo el cuerpo, lo tenía encima, dio su vida para salvarme, eso es amor verdadero o al  menos es lo que yo pienso. Sus ojos color avellana perdían ese brillo tan especial del que me había enamorado. 

Se escapaba y no podía hacer nada, solo mirar y esperar a que el fatídico momento llegara, pero no, no me podía quedar sentada contemplando tal escena. Me arrimé más a él y con poca esperanza presioné la herida que tenía en el costado. 

Pero no sirvió de nada, todo acto fue en vano, su vida se escapaba entre mis manos con cada gota de sangre, tiñendo la tierra con todos nuestros sueños juntos pero inacabados.

Su último segundo de vida fue tan rápido como un suspiro y a la par tan lento como una lágrima surcando mi mejilla. 

Y al final se fue, como si no hubiese pasado nada, como si todos estos años juntos no hubieran existido. Lloré, grité, mire al cielo y susurrando pedí una ayuda, un milagro, una vida nueva junto a él.

Pero ese milagro nunca llegó, me quedé sola deseando tener un final feliz junto a ti, ¿es tanto pedir? Un final de princesa acompañada por su encantador príncipe azul, algo mágico, el típico cuento de hadas, pero me temo que no todos son así.

Después de cada ''Fueron felices y comieron perdices'', la historia sigue para bien o para mal, pero yo nunca lo descubriré porque yo no tengo príncipe, me lo arrebataron.

Pero ahora soy yo la que te va a arrebatar tus sueños, tus deseos... Tu vida.

Puede que en el pasado llegase a ser muy inocente, tierna y a veces algo estúpida pero ahora todo es distinto, soy mi propia antítesis. Sé que acabar con una vida no es un juego de niños, pero si tú te llevaste la mitad de la mía ¿Por qué no puedo yo llevarme la mitad de la tuya?

Sé que ella no ha hecho nada, solo es un peón más en este juego, pero como buena reina debo de acabar el juego.

Ana Isabel Isabella Cecilia

Cada Mente, un Mundo